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lunes, 6 de abril de 2015

NIHILISMO Y VACUIDAD COMO CONDICIÓN POSMODERNA (I)

Hoy día se escucha a nuestros mayores que el mundo va a la deriva, que no saben qué va a pasar, que vamos cuesta abajo y sin frenos, que el mundo se mueve por la filosofía del pelotazo o búsqueda del dinero fácil y el hedonismo. Las gentes bienpensantes de misa y comunión diaria coinciden en esta observación: dicen que ya no hay valores, que el hombre se mueve por el egoísmo y la individualidad. En lo personal, dudo que no existan valores, al menos, estoy convencido que el valor fundamental por el que nuestras sociedades se mueven es el del dinero, que posibilita el desenfreno del consumo y el imaginario social de la búsqueda de la riqueza, el status o el reconocimiento. Es cierto que el ser humano es ególatra e individualista, pero también puede ser altruista y solidario. Ahora bien, también es cierto que el deseo se pasea en papel moneda o tarjeta de crédito y nos vuelve creyentes de nosotros mismos. No hace mucho era común “el hoy por ti y mañana por mí”, en nuestros días de deriva de nihilismo existencial hemos caído en el “hoy por mí y mañana también” y, como decía mi sabio padre, “el que venga atrás que arree”. Los demás van siendo lo de menos: los que se mueren de hambre, de calamidades, de guerra o de persecuciones irracionales, los vemos por la tele y “¡pobrecitos!, qué terrible desgracia, qué injusta es la vida…”, pero no es nuestra culpa, no somos responsables, qué se puede hacer cuando el mal ya está hecho, lo único que nos resta es lanzar un “Diosito, Diosito que me quede como estoy”. Es de entender, sobre todo en un mundo en el que las demandas de las sociedades son ilimitadas, sin embargo, los recursos, no. Libertad, igualdad y fraternidad son valores a la baja, trasnochados, en un mundo de pura interpretación y donde cualquier interpretación es igualmente válida que otra. Es el relejo de una sociedad en cambio, donde también el cambio de valores ha sido evolutivo.