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viernes, 2 de octubre de 2009

EL ENGAÑO DEL “FIN DE LA HISTORIA”.

EL ENGAÑO DEL “FIN DE LA HISTORIA”.
Por Jesús Turiso Sebastián.
Ahora que el mundo parece estar cabeza abajo, aprovechan algunos intelectuales para elaborar apocalípticas recetas sobre enfrentamiento de civilizaciones o previsibles finales de la historia. Ya, a raíz de la caída del muro de Berlín en 1989, que suponía de hecho el hundimiento de la ideología comunista y la cercanía del fin del milenio, comenzaron a aparecer una serie de escritos de pensadores, críticos, algunos, y “apolo(jetas)”, la mayoría, empeñados en enterrar casi todo. Estos escritos desde planteamientos distintos, bien en tono autosatisfecho sustentado en el optimismo alcanzado por el triunfo y la plenitud de la democracia liberal capitalista y el desarrollo del tecnológico, bien en tono apocalíptico al estilo de las ideas milenaristas del fin del mundo en la Edad Media, elaboraban una realidad bien calculada. A partir del “luctuoso” año de 1989 para la Historia en el que se anunció su defunción, estos trabajos van a sugerir no sólo la conclusión de una etapa que se asociaba con el término de la evolución ideológica de la humanidad, sino el comienzo de una serie de indicios que presagiaban una cercana Tercera Guerra Mundial resultado del choque de la civilización occidental y la islámica (Samuel Huntington). La publicación del obituario de la historia de Francis Fukuyama provocó un gran revuelo en los ambientes intelectuales mundiales. Aunque, en realidad, el artículo Fukuyama, inspirado en Hegel y Kojève, tiene poco de novedoso al combinar el pensamiento de los dos. Del primero, toma dos argumentos: el liberalismo hegeliano y el desarrollo de la libertad de la humanidad como existencia objetiva. Del segundo, coge el goce que ofrece la sociedad consumista y la idea de agotamiento de la concepción de Estado-nación. La derrota del nazismo y la caída de los fascismos, primero, y la desaparición del sistema comunista, después, suponía para Fukuyama la eliminación de los últimos obstáculos para el desarrollo total de la democracia liberal y de la economía de mercado que la sustentaría y, por ende, la globalización de la libertad a todo el mundo, lo cual confirmaba su inevitabilidad histórica. Pero diversos actos terroristas del fundamentalismo islámicos a lo largo del mundo y la llamada “guerra” contra el terrorismo emprendida por Bush y que continúa en la actualidad, parecieran dar la razón a Huntintong y se la quita a Fukuyama. Sin embargo, no hace mucho salía Fukuyama de nuevo a la palestra con un artículo titulado “Seguimos en el fin de la historia”. En él explicaba el sentido de su escrito de 1989 había sido malinterpretado, ya que se “refería al avance de la humanidad a lo largo de los siglos hacia la modernidad, caracterizada por instituciones como la democracia liberal y el capitalismo”. Las objeciones que se le pusieron iban desde el orden político al económico, pasando por el social y el cultural. Una primera refutación simple que se le puede hacer es la falta de generalización de su modelo, de tal manera, por ejemplo, que la democracia no se desarrollada ni al mismo nivel ni a la misma velocidad en todos los lugares. No puede ser concebible un pleno desarrollo de la sociedad capitalista justa cuando, en muchos países, desarrollados o no, existen grandes desigualdades y enormes bolsas de pobreza. Ahora bien, desde algunas tribunas se han planteado rigurosos y profundos análisis del artículo de Fukuyama, tomando como punto de partida la filosofía de la historia. Por definición uno de los caracteres principales de la historia es la especulación. Es decir, la investigación histórica da pie a la reflexión profunda o a la teorización, pero también a caer en hipótesis sin base real. Esto último permite que el sentido figurado e, incluso, ficticio se imponga al sentido real. El peligro que lleva consigo el concepto fin o final es su ambigüedad. ¿Se habla de fin como término de un proceso vital del hombre o de una civilización? (pesimismo histórico) o ¿se habla de fin en el sentido de llegar a unas consecuencias últimas que establecen “un mundo feliz y perfecto”? (optimismo histórico) En este aspecto, la idea de final se debe poner en un plano incuestionable como fin de la humanidad, dado que la historia, parafraseando a Marc Bloch es “la ciencia de los en el tiempo” en todas sus dimensiones. En las ideas que plantea Fukuyama no está presente este fin del género humano, sino más bien la llegada del sistema que, para él, le parece ideal: “Seguimos estando en el fin de la historia porque sólo hay un sistema de Estado que continuará dominando la política mundial, el del Occidente liberal y democrático. Esto no supone un mundo libre de conflictos, ni la desaparición de la cultura como rasgo distintivo de las sociedades”. Desde el punto de vista histórico la tesis de Fukuyama es insostenible. No es posible deducir que al haberse llegado a este estadio los problemas constituyentes de la humanidad se hayan resuelto, porque si, como sostiene el filósofo Gustavo Bueno, “las sociedades humanas se mueven por motores permanentes (…) que se mantienen en la base de la vida real; si lo que llamamos ‘historia’ no es otra cosa sino una designación de sucesos que tienen lugar en la superficie; si las ‘revoluciones históricas’ no significan antropológicamente mucho más que lo que pudieron significar los cambios de dinastía en la historia del Egipto de los faraónico, entonces ¿por qué en las postrimerías del segundo milenio y no en las postrimerías del primero o del primero antes de nuestra era?”. Dos últimas reflexiones: primera, que el determinismo en historia no existe, siempre ha habido futuros plurales y alternativos. La segunda, nos tiene que remitir necesariamente a pensar históricamente en el futuro, de tal manera que nos impida repetir las grandes tragedias que se vivieron en el siglo pasado: fascismo, racismo, nacionalismo tribal y agresivo, fundamentalismo, totalitarismo. Tal vez, como creía Ortega y Gasset el hombre sea una variable que oscila en el devenir, las circunstancias futuras son imprevisibles. Por tanto, no sería malo tener los geniales versos del buen poeta andaluz Juan Miguel González: “Contra el fin de la Historia, Armando Manzanedo, y por cada utopía dos pollos para el pecho”.
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